Destroza tu propia realidad. Rompe tus cadenas, como si fueran de papel. Vuélvete indestructible, de hierro templado en la sangre de tus propios sentimientos. Inutiliza tus miedos, inmoviliza tu corazón.
Vacía tus ojos de lágrimas, convierte el silencio en tu lenguaje. Lleva hasta el límite tu odio y conviértelo en indiferencia.
Aplasta cada instante que no te sea útil. Crea un entorno en el que tú mismo seas el rey, el ente dominante, el único que hace y deshace. Rompe las palabras de los demás con argumentos superiores
La pena no es una opción. La nostalgia es una enfermedad. El remordimiento es un pecado.
Que cada golpe que recibas le duela más al que te lo dé que a ti mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario