lunes, 28 de enero de 2013

Todo pasa. Todo cambia

Había un hombre cuya vida era desgraciada, o al menos, eso pensaba. Entonces fue a visitar a un anciano y sabio sacerdote de un templo que había lejos de su aldea. Cuando llegó, tras semanas de camino, le contó al monje el motivo de su desgracia.

-Sabio sacerdote, mi vida no es más que constante desesperación. Mi mujer esta enferma y no hay solución, mis hijos han sido raptados y mi gente se muere de hambre ¿Qué he de hacer?

Ante esto, el sacerdote sólo dijo:

-Todo pasa. Todo cambia.


El hombre volvió a su casa enfadado y sin esperanza por el que él consideró un consejo pobre, sin ningún tipo de solución para sus horribles problemas. Sin embargo, cuando volvió a su aldea, su mujer había curado inexplicablemente, los niños habían escapado de sus raptores y ahora jugaban felices en los caminos de la aldea. Las cosechas crecieron y los animales de granja engordaron, y su pueblo no pasaba hambre.

El hombre volvió a partir a hablar con el monje, con un gran agradecimiento por todo lo que creía que habían traído sus palabras.

-¡Sabio maestro! Todo en mi aldea es ahora maravilloso, mis problemas han desaparecido y por fin soy feliz... ¿Qué he de hacer ahora para agradecer su consejo?

A lo que el sacerdote respondió:

-Todo pasa. Todo cambia.



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