-Sabio sacerdote, mi vida no es más que constante desesperación. Mi mujer esta enferma y no hay solución, mis hijos han sido raptados y mi gente se muere de hambre ¿Qué he de hacer?
Ante esto, el sacerdote sólo dijo:
-Todo pasa. Todo cambia.
El hombre volvió a su casa enfadado y sin esperanza por el que él consideró un consejo pobre, sin ningún tipo de solución para sus horribles problemas. Sin embargo, cuando volvió a su aldea, su mujer había curado inexplicablemente, los niños habían escapado de sus raptores y ahora jugaban felices en los caminos de la aldea. Las cosechas crecieron y los animales de granja engordaron, y su pueblo no pasaba hambre.
El hombre volvió a partir a hablar con el monje, con un gran agradecimiento por todo lo que creía que habían traído sus palabras.
-¡Sabio maestro! Todo en mi aldea es ahora maravilloso, mis problemas han desaparecido y por fin soy feliz... ¿Qué he de hacer ahora para agradecer su consejo?
A lo que el sacerdote respondió:
-Todo pasa. Todo cambia.
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